Un estudio no puede cargar el expediente de un cliente en una herramienta general, y la razón no es solo que la información pueda salir hacia afuera. Es que puede circular hacia adentro: entre asuntos, entre equipos y entre partes que la firma atiende por separado.
El deber de reserva y las barreras de información no son políticas internas que se puedan flexibilizar durante un piloto. Son reglas de ejercicio profesional, y quien responde por incumplirlas es un abogado con nombre, no su proveedor de software.
Por eso la conversación no empieza por lo que el sistema puede hacer. Empieza por qué puede leer, quién lo autorizó y qué queda registrado.